Anoche soñé con ellas. Estaban tan cerca que podía tocarlas. Yo estaba sentado con un alguien en un barcito (¿un “paladar”?) en unas mesitas de madera. Incluso en el sueño no sabía cómo llamarlas, si montañas, cerros o cómo. Pero estaba toda la vegetación que allí existe. Y yo calculaba con certeza cuánto me costaría subirlas.Yo me decía a mí mismo, en el sueño: “Puedo subirla. A esa montañita sí que puedo subirla”.
Así y todo me quedaba en el bar o lo que fuera ese lugar amable.












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